Hay una tribu en Indonesia, los senoi que, al igual que los huicholes en México, cultivan el poder de los sueños. Es una práctica cotidiana en las familias compartir las historias de su mundo onírico y utilizarlos como mensajes, como información, como guía en su camino, individual y colectivo. Dicen, que si en tu sueño aparece un demonio, no debes luchar, ni darle la espalda, sino volverte hacia él y pedirle un regalo. Es fascinante esta invitación a dar la cara a las partes oscuras de tu ser, y esta visión de la sombra, no como algo a lo que temer, sino como portadora de regalos de sabiduría, de dones de fortaleza.

Hay muchas historias mitológicas en la tradición hindú y del yoga que contemplan la misma idea. En una de mis historias favoritas Vishnu, el Dios encargado de mantener la armonía en el Universo, pide a los devas (los dioses, “los que son luminosos”) que se alíen con los asuras (los demonios, palabra etimológicamente relacionada con “poder, ser poderoso”) para embarcarse en una aventura con el fin de encontrar el amrita, el néctar de la inmortalidad, y de paso rescatar a Lakshmi (encarnación mitológica y energética de la belleza, la prosperidad y la abundancia) del Océano de leche donde se ha retirado de la Tierra para esconderse.

El amrita representa el estado más elevado de la conciencia. Ese estado en el que experimentamos sabiduría y la más profunda sensación de dulzura, de calma. Es muy relevante que para experimentar sabiduría, armonía, libertad, dulzura, necesitamos utilizar tanto nuestras cualidades más luminosas como las partes oscuras de nuestro ser. Las enseñanzas nos dicen que necesitamos todo lo que tenemos para nuestra realización. Todo.

En nuestra historia, la práctica, simbolizada por la acción de remover (del mismo modo que se remueve la leche para hacer mantequilla), es la que trae consigo joyas preciosas y regalos increíbles. Es el proceso del YOGA. A través de la práctica también salen a la superficie algún que otro veneno. Pero la última ofrenda que surge del Océano es el amrita, el néctar de la inmortalidad, la experiencia profunda del Ser.

Si hay algo muy significativo en esta historia es que, al final, son sólo los devas los que pueden disfrutar del ese néctar. Para llegar a experimentar ese estado de consciencia más elevada, de plenitud, de contentamiento extático, hay que ir más allá de las partes limitadas de tu ser, más allá de tu individualidad y tu ego. Tus sombras, que sólo existen a un nivel energético más bajo, te dejan su regalo, su participación, para que el néctar nutra de forma profunda las partes más luminosas de tu ser.

Ambas historias nos hablan del poder de la sombra como agente transformador. Los demonios aparecen como pequeñas tendencias inércicas que acaban haciéndose cargo de nuestra vida; o como emociones intensas que no sabemos donde se originan; o lesiones; o conflictos; o patrones anclados con múltiples raíces en la psyche. Cada uno de ellos ofrece un regalo diferente. Mi maestra Sally Kempton dice que la tristeza porta el regalo de la calma; la ira el de la justicia; la envidia el de la superación; el miedo el de la atención y conciencia más profunda. Pero para no convertirnos en víctimas de nuestras propias sombras, normalmente necesitamos de ciertas técnicas y prácticas para poder extraer y disfrutar sus regalos.

En mi recorrido personal, han sido (y son), principalmente, el yoga y la meditación, los que me han ayudado, no sólo a convivir en armonía con todas las partes de mi ser, sino a, poco a poco, ir haciendo de todas ellas mis aliados. Muy en especial la Filosofía Tántrica y sus prácticas, base de Anusara yoga, cuya premisa es que todo en el Universo pulsa con una misma energía, una única Consciencia. En esta visión, todas las partes de nuestro ser se perciben cómo igualmente divinas. Ese es sólo uno de los aprendizajes destilados de mi práctica de yoga. Como en la historia, han aparecido innumerables dones y regalos: una conexión más cercana con mi cuerpo a través de la práctica consciente de asana que me hace más segura y valiente; una mente clara para discernir; el corazón abierto y lleno del coraje para enfrentar; la fuerza para cambiar y resetear; además de intuición, sabiduría, compasión y confianza en la vida.

Reune tus devas y tus asuras y embárcate en una aventura de crecimiento y de despertar que se llama YOGA.