Estamos en el mes de Aries que representa el arquetipo del guerrero y de la guerrera. Es la energía ardiente capaz de iniciar, de crear movimiento a través de la inercia, de luchar contra la injusticia. Energía iniciadora de transformación. Y aunque estamos a punto de transitar hacia Tauro, aún llego a tiempo de contar una historia que siempre me ha inspirado.  Es una historia de guerreros, de pavos reales y de transmutación. Y me parece aún más apropiada hoy, al leer las noticias terribles de las guerras en nombre del poder mal enfocado y del control. Hay una necesidad imperiosa de que, como yogis, nos comprometamos aún más con nuestras prácticas, en la esterilla y fuera de ella;  de que conectemos con la valentía para luchar en nuestras batallas, tanto externas, en forma de fiel compromiso con nuestros valores, como internas. Las batallas internas de sanación profunda; las batallas internas por una vida en la que triunfa el amor.

Érase una vez, un demonio con mil ojos llamado Tarakasura. A través de sus austeridades, obtuvo la bendición por parte del dios creador Brahmma, de que solo podría morir a manos de un hijo de Shiva. Shiva era bien conocido por su asceticism feroz. Después de la trágica muerte de su amada Sati, que se inmoló en el fuego ceremonial organizado por su padre al sentirse deshonrada por él (por su padre), nadie apostaba por una nueva boda. Taraka lo sabía y se sentía poderoso e indestructible, aterrorizando los tres mundos, incluido el Cielo de los Dioses.

Los Dioses invocaron fervientemente a la Maha Devi (la Shakti, el Gran Poder Femenino) con rituals, oraciones, mantras y ceremonias, para que se encarnara como una Diosa con el objetivo de ganar de nuevo el corazón de Shiva. Se encarnó como Parvati, la hija de la montaña y, depues de una larga historia, que algunos me habeis oído contar muchas veces, se casó con Shiva.

Los Dioses están contentos. Ahora Shiva puede tener un hijo. Pero los encuentros amorosos entre Shiva y Shakti son tan intensos y la semilla de su amor tan ardiente que nadie puede contenerla. Ni siquiera Parvati, que le da esta semilla a su hermana Svaha, esposa de Agni, Dios del Fuego. Incluso a pesar de su naturaleza de fuego y calor,  tampoco puede aguantarla por mucho tiempo. La coloca en las aguas heladas de la Diosa Ganga. Esta a su vez se la pasa a la Diosa del Bosque Aranyani, que planta la semilla en el suelo fértil del bosque.  Y así, contagiado de todas estas energías, que simbolizan los diferentes caminos de transformación del yoga, nace un hermoso niño con seis cabezas. Vishnu les pide a las Diosas de las estrellas, las Krittika, que amamanten al niño, que toma así seis formas independientes. Cuando su madre, Parvati, viene a por él, con un abrazo,  funde a las seis criaturas en una sola de nuevo.

Su nombre es Kartikeya, conocido también como Skanda o Murugan. Se convierte en el Señor de la Guerra y en el mejor guerrero  porque ese era su dharma. En el Skanda Purana se le describe como valiente e inteligente, un gran devoto de Shiva, su padre, y con el carisma de un líder, que guiará a Dioses y humanos en la batalla para vencer a Taraka, que con sus 1000 ojos representa las miles de formas en que distorsionamos la realidad de lo que somos en esencia, de lo que nos ocurre, de nuestra experiencia.

Cuando, despues de una larga batalla, finalmente aniquila tan horrible bestia, pensó, "¿cómo puedo crear algo hermoso de este desastre?".  Y así fue que transformó los mil ojos de Taraka en las plumas del pavo real. Y lo tomó como su vahana, su vehículo de Consciencia, como un símbolo de transmutación, de lo que es possible hacer con la más fea de nuestras experiencias.

Hay una historia similar en la Mitología griega en al que la Diosa Hera crea el pavo real desde Argus, un gigante de cien ojos. Desde entonces la cola del pavo real simboliza “los ojos de las estrellas” y la sabiduría de la visión.

Una forma tan bonita de expresar la sabiduría ancestral. El poder del yogi, el que surge de la union sagrada de Shiva y Shakti, de tu Ser interior y tus acciones externas, es el poder de transmutar las experiencias en algo hermoso;  el permitir que la creatividad fluya desde tu campo de batalla interior; el poder de transformar la tristeza en esperanza, la ira en aceptación, el miedo en amor, las limitaciones en sabiduría.

A mí esta historia me ha inspirado en muchos momentos a crear, a cantar, a pintar… o a escribir.  Y tú?  ¿En qué transformas tus demonios?

¿Donde estás llamado en este momento a iniciar la lucha?

¿De qué formas eres un líder en tu comunidad? ¿Si aún no lo eres, dónde sientes la llamada a serlo en servicio a los demás?

¿Cómo  transformas los restos de tus batallas interiores en belleza y la sabiduría?