Mientras me preparo para la Formación de Profesores de Anusara yoga en Marruecos, un curso que por múltiples razones es muy especial para mí y que comienza mañana, invoco la energía de uno de mis arquetipos más queridos y cercanos: la Diosa Saraswati, el poder entre otras cosas del lenguaje y de la comunicación. También la sagrada energía del mantra. Y, justo en estos días en que se acaba de celebrar Saraswati puja, y conectando con mi tema de este año Transmutación, quiero escribir sobre la creatividad, sobre la inspiración, sobre el arte y todas las formas en que los seres humanos nos expresamos creativamente para transformar nuestra experiencia.

Saraswati es la Diosa del lenguaje, de la expresión artística en todas sus formas, de los maestros, de los estudiantes, del refinamiento. A lo largo de mis años como yogini he mantenido una estrecha relación con ella. De hecho, esta relación ha existido durante toda mi vida, ya que siempre he sido una empollona, pero en mis épocas pre-yoga no sabía que los apasionados del estudio canalizamos la energía de esta bella deidad hindú. Cosas del destino, que a pesar de que Kali, Durga o Laksmi me han tenido muy ocupada, es ella la que ocupa el lugar más privilegiado en mi altar. Entre 2003 y 2004 pasé casi un año entero en India. Aparte de otras muchas cosas, uno de mis objetivos era encontrar un murti (una representación física normalmente en metal, piedra o madera de una deidad). Lo quería grande, de exquisita terminación y preferentemente de Shiva Nataraja. Shiva en la forma del Señor de la Danza, es otro arquetipo muy significativo en mi vida espiritual a través de varios linajes. No sólo eso, sinó que una de mis visitas a su templo en Chidambaran, dedicado al elemento del espacio o akasha y con un nombre tan sugerente como "Envuelto o arropado en Consciencia"  literalmente me salvó la vida. (Aquí hay otra historia que escribiré algún día pero por ahora seguimos con el murti). Fué allí donde encontré el Nataraja de mis sueños pero por alguna extraña razón, de esas que sólo ocurren en India, no era posible mandarlo a España desde allí. Nunca llegué a saber realmente por qué.

Viajé a través de India durante meses y sólo el último mes, en la ciudad de Pushkar en Rajhastan, encontré una tienda que era más bien la cueva de los tesoros, llena de preciosas esculturas, cargadas de energía. Allí estaba el Nataraja más hermoso que había visto en mi vida. Lo reservé feliz y volví a por él una semana después de un mágico viaje por el desierto. Al entrar de nuevo en la tienda sentí una presencia intensa, intensísima, a mi derecha. Tan intensa que me volví a mirar. Y allí estaba ella. Hermosa, radiante, llena de Shakti. No podía apartar mis ojos de esa figura. Era Saraswati, claro. Tuve que elegir porque no tenía dinero para los dos mutis y fue ella la que viajó a España.

Despues de ese viaje a India me fuí a vivir a Barcelona donde empecé a dar clases de yoga. Era mi regreso a España después de  casi 8 años de ausencia. Mii primera clase de yoga fue el 5 de febrero de 2005, el día que se celebraba Saraswati puja. Desde entonces lo celebro cada año. También siento que cada vez que doy una clase es ella que se expresa a través de mí.

Volviendo a la transmutación, Saraswati evoca la energía de la musa. Es la inspiración pura. Es la energía creativa del Universo y todas las formas hermosas en que se manifiesta a través de nosotros. Saraswati representa las capacidades humanas de crear belleza.  Muy diferente de casi todas las demás diosas del panteón hindú que están muy conectadas con la naturaleza, ella representa el refinamiento del lenguaje, todo lo que nos hace plenamente humanos, la capacidad de pensamiento abstracto, la posibilidad de evocar sentimientos a través de la poesía, de tocar el corazón a través de la música.

Además de refinada, esa energía creativa, generadora de belleza, a través de las palabras, de los sonidos. de los colores, de las imágenes, es profundamente transformadora. En un curso de escritura de mi amiga Susanna Harwood-Rubin, contemplábamos cuales eran las rasas (sentimientos, sabores de la existencia) desde las que escribíamos con más frecuencia. Observé que a mí me gusta escribir desde experiencias de éxtasis y conexión profunda, pero también muchas veces desde la tristeza, el dolor, y a veces desde la ira y la frustración. Inspirarme en experiencias que son difíciles y transformarlas en palabras, encontrar la conexión de lo que siento, de lo que me pasa con historias, con enseñanzas, es un proceso alquímico en el que los sentimientos se transmutan, y las experiencias cobran nuevo sentido. El poder alquímico del arte existe tanto para el artista como para los que disfrutan de la obra de arte. Por ejemplo el Guernica de Picasso. A través de la inspiración y de su maestría, fue capaz de transformar una experiencia horrenda, en una obra de arte, llena de símbolos y también de sentimientos, que nos hace vivir los horrores de la guerra, pero nos recuerda a la vez la capacidad del ser humano de crear belleza a partir de cualquier situación.

Este año siento a Saraswati muy presente. Escribir, crear, como una forma de transformar; nuevos proyectos creativos que surgen en mi interior como burbujas y que deseo de corazón tener la constancia y el buen hacer para que lleguen a nacer. Y entre tanto me ha dado por pintar plumas, como para transformar la pesadez del mundo en ligereza.

¿Qué sensaciones o experiencias despiertan tu creatividad?

¿Hay alguna experiencia en este momento que te gustaría transformar a través de la  expresión artística?