¿Hay una práctica yógica más transformadora que el mantra?  Mantra es un instrumento energético que trabaja en los lugares sutiles de tu ser. Es el poder de la Shakti, la energía creativa del Universo, su vibración, creando formas sónicas en tu interior, disolviendo limitaciones, haciendo nacer nuevas estructuras, transmutando el puro centro de tu ser a todos los niveles desde lo físico hasta lo más sutil y espiritual.

En India, la noche de Mahashivaratri es tiempo de ayuno, de meditación, de cantos. Es un tiempo dedicado completamente a la Consciencia en su forma sin forma como Shiva, La Realidad Última. Es noche de mantras. Dicen que, los efectos de la repetición del mantra Om Namah Shivaya, de disolver obstáculos, de limpiar patrones kármicos, de manifestar tus deseos más profundos del corazón, de expandir la conciencia, de recordar nuestra naturaleza esencial de presencia y dicha, se multiplican por mil. Se considera que, en este momento del año, hay una energía especial que propicia la conexión espiritual y para sintonizar con esa corriente de energía hay que estar despierto, con la columna vertebral erguida,. Acercándonos a una de las noches más mágicas y poderosas del año, verdaderamente una noche de transmutación, me gustaría invitarte a que, aunque no observes una noche entera de vigilia, tomes un tiempo para tí, para ir hacia adentro y repetir el Maha mantra.

Es interesante que ésta que es, probablemente, la fiesta espiritual más importante en India, sea una celebración de la oscuridad, justo la noche antes de que la luna desaparezca completamente. No es extraño si pensamos que Shiva, como figura mitológica, siempre abraza lo oscuro, lo apartado, lo marginal, enseñándonos que todo aquello que Jung llamaría "la sombra" son lugares de nuestro ser donde encontramos nuestro verdadero poder. Siempre que sepamos como hacer la transformación, claro. En la hermosa y extensa historia mitológica en la que los Devas (los Dioses) junto a los Asuras (los demonios) tienen que revolver el Océano de Leche, una metáfora de la práctica de yoga, y después de que el Océano de Leche les ofrezca múltiples regalos como brillantes piedras preciosas y tesoros varios, hay un momento en el que, desde el fondo del Océano, emerge el veneno más tóxico que existe.

Tras unos primeros momentos de pánico, al darse cuenta de que toda la vida en el Universo podría desaparecer, todos de acuerdo, deciden llamar a Shiva. Él aparece calmado y centrado como siempre. Coge el veneno, se lo traga y lo recoge en su garganta. Ni se siente intimidado ni permite que la toxicidad entre profundamente en su cuerpo. Lo sujeta en la garganta que se vuelve de color azul. De ahí le viene el nombre de Nilakantha "el de la garganta azul", el mismo color del Visudhi chakra. El chakra del habla, del lenguaje, de la comunicación. El puente entre la mente y el corazón. El lugar de la vibración, del sonido. El lugar del mantra.

Una gran enseñanza Tántrica la de esta historia. Shiva no rechaza el veneno, ni lo oculta en algun lugar lejano,  sino que lo transforma en el poder sónico del mantra, en vibración, en pulsación.  Toma del veneno su esencia, que no es otra que la suya propia y lo transmuta en energía.

Cualquiera que sea el veneno en tu vida en este momento (y estoy segura que no es uno sólo y algunos de ellos pueden ser verdaderamente tóxicos), tómalo, acéptalo, abrázalo y durante esta noche mágica repite el mantra.

Puedes recitar el mantra en alto. Puedes repetirlo internamente sintiendo el sonido silenciado vibrando en tu interior. Puedes cantarlo.  En soledad o en compañía. De cualquier forma permite que el mantra y tu corazón se fundan en uno. Siente su poder senador multiplicado por mil durante Maha Shivaratri. Y sobre todo, como instruye mi maestra Sally Kempton, repítelo con la convicción de que "el mantra no es otra cosa que la Suprema Consciencia que impregna el Universo y no es otra cosa que tu propio ser". Como el veneno. Veneno que con el remover (la repetición del mantra) del Oceáno de leche (tu corazón) se irá  poco a poco transformando en néctar.