Hace unas semanas, durante varias noches de insomnio por el jetlag al regreso de California, disfruté de un tiempo precioso de contemplación sobre lo que ha traído este año y sobre hacia donde quiero apuntar mis flechas en el 2018.

Personalmente, después del accidente y las lesiones que tuve el año anterior, éste ha sido un año de recuperación, de sanación profunda, de crecimiento y transformación y de inmenso aprendizaje. He sentido en mi propio ser como el yoga ayuda a que las heridas se transformen en sabiduría, el dolor en compasión; que la felicidad es un proceso y no un estado final; que la vida a veces parece una broma de mal gusto, pero que es mejor reírse, y que las situaciones más complicadas te llevan a encontrar hermosos tesoros escondidos dentro de  tí. Mi tema para el 2017, Transmutación, ha estado siempre presente.

A principios de febrero, unas semanas después de levantarme de la cama, mi perra Ananda y yo nos embarcamos en el viaje de vuelta a Marruecos para enseñar una Formación de Profesores que había tenido que suspender dos veces. Sincrónicamente, un taller de sanación que deseaba tomar, tenia lugar en Vejer de la Frontera, justo el día que pensaba pasar por allí. Una parada en el camino para limpiar y empezar una nueva etapa después de haber visitado el inframundo durante unos de los más difíciles meses de mi vida.

La Formación en Marruecos fue todo un reto, físico y mental, muy limitada en mi práctica de asana, con las piernas débiles y una sala de yoga en un cuarto piso. Tambien fue muy enriquecedora a nivel emocional. En el grupo, formado por yogis de distintos lugares del mundo, se creó una verdadera sensación de kula, de comunidad, y fue muy alentador recibir comentarios de como había sido una inspiración enseñar yoga desde el corazón más que desde el cuerpo.

Al recordar estos momentos, tengo la sensación de que han ocurrido hace años. Pero fue sólo hace 10 meses. El tiempo es tan relativo y está tan relacionado con la intensidad con la que se vive.

Este año ha pasado muy rápido pero con cierta dosis de eternidad. He pasado tiempo junto al mar. He viajado enseñando a varios lugares, entre ellos San Sebastian donde me siento en casa con la maravillosa kula del Norte. Me he reencontrado con la comunidad de Anusara yoga en Samavesha, donde fue muy emocionate enseñar ante 100 personas. He cultivado amistades muy especiales.  Ha habido momentos de gran frustración por no poder hacer todo lo que quería con mi cuerpo. Me he maravillado ante su capacidad sanadora y regeneradora, y he aprendido a crear una nueva relación con él y con mi práctica de yoga. He visto como dos perros atacaban a Ananda y he pasado días y noches cuidándole.

Entre los aspectos más destacados de este año están mis estudios con Paul Muller-Ortega, un gran maestro, los retiros de silencio en el desierto y las nuevas prácticas poderosas, mantras y mudras que he aprendido. Por muchas razones, California se ha convertido en uno de mis hogares en este planeta. Los estudiantes que me han acompañado en distintos cursos y retiros han conquistado mi corazón. He recorrido lugares sagrados ancestrales y mágicos en Avalon con mi querida Sianna Sherman. He profundizado en mis estudios de Rasa Yoga con ella. 

He visitado y revisitado lugares internos de dolor para sanarlos. He visto atardeceres sobre mares y océanos de diferentes continentes. He participado en la Certificación del Foundation Training, un sistema de alineamiento muy inteligente del que me oireis hablar más y con el que espero ayudar a mucha gente. He visto montañas arder como si fueran volcanes y me he sentido sofocada por el humo. He agradecido el poder respirar aire puro y ver el cielo. He surfeado de nuevo en la Bay, aunque las olas fueran pequeñitas. Me he instalado en Madrid con Ananda y la vida me ha vuelto a regalar vistas al atardecer desde mi casa. He pasado mucho tiempo con mi familia y he visto lo que parecía imposible: mi madre enamorada de mi perra. He recibido terapias sanadoras. He comenzado mi primera Formación Avanzada de Profesores de 300 horas con un grupo de yogis muy dedicados y con invitados muy especiales. . … wow…. Podría seguir y seguir.

Lo que no he hecho últimamente es escribir en mi blog y estar muy activa en los medios sociales. Y esa es una de mis intenciones para el próximo año. ¡¡¡Que dilema!!! Cuanto más plenamente vivo menos tiempo tengo para mi móvil y mi ordenador. Pero así son los tiempos en que vivimos. Hay que participar de la realidad “real” y de la virtual, que nos mantiene conectados sin importar el tiempo y el espacio.

De hecho hay algo que tengo pendiente. Este año he celebrado un cumpleaños muy especial. Medio siglo dando vueltas al Sol sobre este maravilloso planeta. Recibí un montón de felicitaciones en Instagram y Facebook, y no pude agradecer todo el cariño. Esa misma noche cogi un avion hacia California para ir a un retiro de silencio, en el que comencé este nuevo ciclo en mi vida. Así que casi con dos meses de retraso y, como dice mi amigo Mele, desde el club de los Gran Reserva… Muchas gracias por las felicitaciones. Yo voy a seguir celebrándolo durante todo el año.

2017 ha sido un año de intensidad. El mundo parece atacado de una locura imparable. La Tierra se rebela, grita, llora, arde, se convulsiona. ¿Qué le estamos haciendo? No podemos no escuchar a la Pachamama por más tiempo.  Hemos perdido el control de toda una civilización cuyos sistemas sociales, políticos, económicos y culturales están en profunda crisis. El avance tecnológico ocurre a tal velocidad que no da tiempo a ponerse al día. La sensación es a veces escalofriante. No sé si te pasa a tí tambien pero, muchas veces, yo me siento tan pequeña ante tal intensidad y cambio vertiginoso. A la vez, voy aprendiendo a vivir en paz en un mundo tan turbulento. La sensación es parecida a a la de surfear en el mar. Una mezcla de miedo, excitación y placer; de humildad ante el poder de la naturaleza, la grandeza de la vida; de gratitud por formar parte de todo ello.

Dentro de esta vorágine, los seres humanos estamos embarcados en un proceso de transformación mayúsculo, de dimensiones gigantes. Nunca ha habido un tiempo en la historia donde todas las tradiciones esotéricas del mundo hayan puesto sus enseñanzas al servicio de la humanidad. La era de la comunicación hace posible que podamos acceder a aquellas enseñanzas que más resuenan en nuestro corazón. ¡Hay tanta sabiduría al alcance de todos! Pero si queremos crear verdadera transformación esto no es suficiente. Necesitamos de una visión clara y un gran compromiso.  Ahora es el momento y no hay tiempo que perder.

¿Qué es lo que haces cada día para sanar, para crecer?

¿Qué pasos puedes dar para crear la vida que quieres vivir y el mundo que quieres ver?

En este ultimo día del año  te invito a dedicar un tiempo ritual para reflexionar sobre lo que ha sido este año para tí; los éxitos y los fracasos; los momentos de felicidad y los momentos difíciles. Y tambien a crear intenciones claras para ver transformaciones reales en el 2018, en tu vida y tambien en el mundo. Si quieres un ejemplo de ritual que puedes seguir puedes encontrarlo en un blog de hace unos años AQUI

Me despido con el deseo de que podamos vivir todo desde el amor. El amor a tí mismo. El amor a los seres que te rodean. El amor a lo que haces. El amor a la Pachamama. Y desde ahí manifestar nuestros sueños con trabajo, dedicación e ilusión. Yo iré compartiendo los míos contigo. Ya en el 2018.

¡Feliz Año Nuevo!